Cómo detectar y prevenir Trastornos de la Conducta Alimentaria en niños y adolescentes

Cómo detectar y prevenir Trastornos de la Conducta Alimentaria en niños y adolescentes

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Escrito por: La redacción de Top Doctors
Editado por: Luis Ángel Cortina Sánchez el 26/02/2025

Los Trastornos de la Conducta Alimentaria (TCA) son afecciones psiquiátricas complejas que afectan a un número creciente de niños y adolescentes en todo el mundo. La detección temprana es fundamental para prevenir complicaciones graves y promover una recuperación efectiva.


Tipos comunes de Trastornos de la Conducta Alimentaria en niños y adolescentes

Entre los Trastornos de la Conducta Alimentaria (TCA) más frecuentes en niños y adolescentes se encuentra la Anorexia Nerviosa, caracterizada por una restricción severa de la ingesta alimentaria, un miedo intenso a ganar peso y una percepción distorsionada del propio cuerpo.


La Bulimia Nerviosa, por su parte, implica episodios recurrentes de atracones seguidos de conductas compensatorias inapropiadas, como vómitos autoinducidos o el uso excesivo de laxantes.


También se encuentra el Trastorno por Atracón, el cual se manifiesta mediante episodios de ingesta excesiva de alimentos sin conductas compensatorias posteriores, lo que puede llevar al Sobrepeso u Obesidad.


Otro trastorno menos conocido, pero igualmente relevante es el Trastorno de Evitación/Restricción de la Ingesta de Alimentos (ARFID), caracterizado por una alimentación extremadamente selectiva o una falta de interés en comer, lo que puede provocar desnutrición o deficiencias nutricionales.


Señales de alerta en el comportamiento alimentario

Identificar cambios en los hábitos alimenticios es fundamental para la detección temprana de un TCA. Un niño o adolescente que comienza a evitar ciertos grupos de alimentos, reduce drásticamente las porciones o se salta comidas de manera frecuente podría estar mostrando signos de alerta.


Además, algunos desarrollan rituales alimentarios peculiares, como cortar la comida en pedazos muy pequeños, comer muy despacio o seguir rutinas estrictas al momento de ingerir los alimentos.


Otro comportamiento preocupante es la preocupación excesiva por la comida, donde los jóvenes hablan constantemente sobre calorías, contenido nutricional o expresan un miedo intenso a ciertos alimentos.


En algunos casos, se pueden presentar episodios de atracones, es decir, el consumo de grandes cantidades de comida en un corto período de tiempo, a menudo de manera secreta. En otros, pueden aparecer conductas purgativas, como vómitos autoinducidos, uso de laxantes, diuréticos o enemas sin prescripción médica.

 

Cambios físicos y emocionales

Además de las alteraciones en la alimentación, los TCA pueden manifestarse a través de signos físicos y emocionales. La pérdida significativa de peso en un corto período o las fluctuaciones notables sin una causa aparente pueden ser un indicio de que algo no está bien.


Algunos jóvenes experimentan problemas gastrointestinales como Estreñimiento, Dolor Abdominal o reflujo sin explicación médica clara. En el caso de las adolescentes, también pueden presentarse alteraciones menstruales, como irregularidades o incluso la ausencia de menstruación.


Otros signos incluyen:

  • Fatiga constante
  • Mareos o episodios de desmayo
  • Aislamiento social progresivo, donde el niño o adolescente evita reuniones familiares o sociales, especialmente aquellas que implican comida


En el aspecto emocional, pueden presentarse cambios de humor marcados, con episodios de irritabilidad, Depresión o Ansiedad.


Factores de riesgo

Comprender los factores que pueden predisponer a un joven a desarrollar un TCA es esencial para la prevención. Entre los principales se encuentra la presión social y cultural, especialmente la exposición a ideales de belleza poco realistas en los medios de comunicación y redes sociales. También influye el perfeccionismo, una tendencia a establecer estándares extremadamente altos y a ser crítico consigo mismo.


Otros factores de riesgo incluyen antecedentes familiares de TCA, Depresión u otros trastornos mentales. Además, los jóvenes que participan en actividades que enfatizan el peso, como el ballet, la gimnasia o la lucha libre, pueden estar más propensos a desarrollar estos trastornos. Experiencias traumáticas, como el Bullying, el abuso o eventos estresantes significativos, también pueden contribuir a su aparición.


Pasos a seguir ante la sospecha de un TCA

Si observa varias de las señales mencionadas en su hijo o adolescente, es crucial actuar de inmediato. La comunicación abierta es el primer paso, abordando el tema con sensibilidad, evitando juicios y mostrando apoyo incondicional. Posteriormente, es recomendable acudir a un Pediatra o médico de confianza para una evaluación inicial y, si es necesario, buscar la ayuda de especialistas en Salud Mental y Nutrición.


La intervención temprana es clave, ya que los tratamientos son más efectivos cuando se inician en las etapas iniciales del trastorno. Además, la educación y el apoyo familiar pueden marcar una gran diferencia en el proceso de recuperación.

 

Importancia de la prevención

Fomentar una relación saludable con la comida y el cuerpo desde una edad temprana puede reducir el riesgo de desarrollar un TCA. Es importante modelar comportamientos positivos, demostrar actitudes equilibradas hacia la alimentación y el ejercicio, y evitar comentarios sobre el peso. En su lugar, se debe enfatizar la salud y el bienestar general.


También es fundamental promover la autoestima, alentando actividades que refuercen la confianza y habilidades personales, así como supervisar el uso de redes sociales para ayudar a los jóvenes a consumir contenido de manera crítica y reconocer estándares de belleza irreales.


Los Trastornos de la Conducta Alimentaria en niños y adolescentes son afecciones serias que requieren atención inmediata. La detección y la intervención tempranas, junto con el apoyo familiar y profesional, son clave para la recuperación. Es fundamental que los padres, educadores y profesionales de la salud se mantengan informados y atentos a los signos de alerta, fomentando entornos que promuevan una imagen corporal positiva y hábitos de alimentación saludables.

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